Después de pensarlo mucho he llegado a una confusión

"¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?"

GROUCHO MARX

__

 

No recuerdo cuándo fue, ni cómo, ni dónde, pero me acuerdo de la persona que me lo dijo. Estaba sentada a mi lado, me miró a los ojos y me dijo una de las mejores frases que he oído.

 

Resulta que yo tenía un gran problema y la cabeza no paraba de darle vueltas. Estaba desayunando y pensaba en el problema. Caminaba y pensaba en el problema. Estaba en una reunión o en una sesión de formación y la cabeza siempre recordándome que tenía un problema que solucionar. Comía y pensaba en el problema. Daba una conferencia y allí estaba el problema otra vez. No me lo sacaba de la cabeza. Es como si me hubiera enamorado del problema. Incluso por las noches, soñaba con el problema. ¡Vaya! Peor que estar enamorado.

 

Pues bien, ella me miró a los ojos, me cogió de las manos y me dijo: "no pienses". ¡Toma ya! ¡Qué solución! El caso es que no podía dejar de pensar... ¿Qué hacer?... ¡Podía pensar en otros temas! De hecho, tenía muchos otros temas en los que pensar y eso fue lo que hice. Centré mi atención en nuevos proyectos, en retomar el contacto con amigos que había dejado de ver porque tenía un problema. Y así fue como el problema desapareció de la cabeza (no de la realidad). Desayunaba, daba mis sesiones, dormía y pensaba en muchos asuntos, pero el problema dejó de ser un problema. Y es que me di cuenta de que el problema no era el problema, sino que el verdadero problema era lo que yo hacía con él, cómo me lo tomaba, cómo lo pensaba, cómo me comportaba. Un problema había conseguido que cambiara mi actitud, mi forma de ser, se había convertido poco a poco en lo más importante para mí ¿Y lo era? No, no lo era, sólo lo parecía. Y lo mejor del caso, es que al dejar de pensar en el problema, aparecieron las soluciones que no encontraba.

 

Quizás, la cabeza lo único que necesitaba era descansar, tomar distancia y pensar desde otro punto de vista. Mientras estaba pensando en el problema es cómo si mi cabeza lo viera en primer plano y lo tuviera que solucionar. Como cuando estás intentando abrir la puerta y la llave no gira. ¿Qué haces? Fuerza. Pero no va. Al final sacas la llave y la vuelves a introducir. Tampoco va. Tienes un problema. Das dos pasos hacia atrás, tomas distancia y la cerradura ya no está en primer plano. Ahora ves la puerta e incluso un timbre. Incluso la puerta del vecino que tiene una llave de tu casa. Incluso tienes un teléfono móvil con el número de un cerrajero.

 

Creo que cuanto más tiempo pasas luchando con un problema, más te cansas y al final, en lugar de soluciones, encuentras confusiones. Así que como diría el gran Groucho ¿por qué debería preocuparme de los problemas? ¿qué han hecho los problemas por mí?... Pues esta ha sido mi decisión: he pasado de preocuparme por problemas a ocuparme de soluciones. ¡Buena suerte!

 



Escribir comentario

Comentarios: 2
  • #1

    mitomateymedio (martes, 07 octubre 2014 17:11)

    Muy bueno!!! Se han acabado los problemas...bienvenidas las soluciones. Ah! Que no se conviertan en sedaciones!!!

  • #2

    Desireé (viernes, 10 octubre 2014 16:53)

    La perspectiva hace que cambies de actitud.
    Ojalá todo el mundo sea capaz de llegar a conclusiones como esta.

Contacta en Facebook

Ver el perfil de Mario López Guerrero en LinkedIn

¿Tienes alguna pregunta?

Atención: Los campos marcados con * son obligatorios.

Sígueme en Twitter